
Tiembla le tierra, destrozando casas,
vidas, haciendas, sueños, ilusiones
y me invade el dolor y la tristeza
por tanta gente amable y cariñosa
a la que siento cerca de mi alma.
Aún nunca estuve en Chile y lo lamento
porque sí que conozco a los chilenos
y sé que tienen la sonrisa alegre,
la mirada directa, el corazón
que rebosa ternura y amistad
y la sinceridad a flor de piel
para decir sin miedo lo que sienten.
Tanto amigo chileno, tanta amiga
querida de esa tierra que está lejos
en la distancia, pero muy cercana
en lo que siento yo dentro del alma.
Hoy pienso en ellos con preocupación,
pero también confiando en que sabrán
reconstruir lo que quebró el temblor
de las entrañas mismas de la tierra,
con el esfuerzo y el tesón inmenso
de tanta gente buena y laboriosa
en ese rincón bello de la tierra
que no he pisado aún pero que amo
porque lo siento con cariño, dentro
del fondo de mi alma.
V. K.