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Es cierto que resulta difícil entenderlos
y soportar su ritmo cansado y vacilante.
Hay veces que no encuentran las palabras precisas
y mezclan los recuerdos y se sienten perdidos.
Cambian de humor, se quejan, nos exigen, protestan,
intentan engañarnos a veces como niños
y nos apena ver que ya no son los mismos.
Sin embargo, si somos personas y sabemos
enfrentarnos al mundo y ganarnos la vida
es gracias al esfuerzo que hicieron por nosotros,
es porque renunciaron a parte de su vida
para entregar su tiempo, su empeño y su cariño
por ver que consiguiéramos hacer de nuestra vida
lo que nos propusiéramos. Ellos, nuestros mayores,
padres, madres, abuelos, abuelas, tíos, tías,
maestros, formadores de mentes y de almas,
con su ilusión y entrega, con su renuncia y celo,
con su cariño inmenso, nos han dado en la vida
todo cuánto ahora somos y por eso merecen
que les demos el mimo, el respeto, el cariño,
la entrega, el sacrificio, la ilusión y el trabajo
que nos dieron con creces en sus años de vida.
V. K.
Es cierto que resulta difícil entenderlos
y soportar su ritmo cansado y vacilante.
Hay veces que no encuentran las palabras precisas
y mezclan los recuerdos y se sienten perdidos.
Cambian de humor, se quejan, nos exigen, protestan,
intentan engañarnos a veces como niños
y nos apena ver que ya no son los mismos.
Sin embargo, si somos personas y sabemos
enfrentarnos al mundo y ganarnos la vida
es gracias al esfuerzo que hicieron por nosotros,
es porque renunciaron a parte de su vida
para entregar su tiempo, su empeño y su cariño
por ver que consiguiéramos hacer de nuestra vida
lo que nos propusiéramos. Ellos, nuestros mayores,
padres, madres, abuelos, abuelas, tíos, tías,
maestros, formadores de mentes y de almas,
con su ilusión y entrega, con su renuncia y celo,
con su cariño inmenso, nos han dado en la vida
todo cuánto ahora somos y por eso merecen
que les demos el mimo, el respeto, el cariño,
la entrega, el sacrificio, la ilusión y el trabajo
que nos dieron con creces en sus años de vida.
V. K.
