Cuando la luz del sol se va apagando
y la noche se acerca paso a paso
me detengo un momento a meditar
sobre lo que he sentido en este día
y pienso que la vida es un milagro
y que cada momento que transcurre
hay que saber sentirlo y disfrutarlo.
Incluso los momentos de tristeza,
las decepciones y los malos tragos
nos enseñan al cabo del camino
a ser más fuertes sabiendo afrontarlos.
Hay que saber sacar de cada instante
lo que nos puede dar y no dejar
que el pesimismo nos arrastre abajo.
Hay que poder mirar como un regalo
cada experiencia y cada desengaño,
meditar, descansar y en la mañana
del día que vendrá ponerse en marcha
y afrontar con tesón y con aplomo
lo que nos traiga el día, sonriendo
a ese regalo inmenso que es la vida
y al milagro sin precio del cariño
y del amor de aquellos que nos aman.
V. K.





