
Más de una persona de las que leen las palabras que voy dejando aquí para vosotros, mis queridos amigos y compañeros de letras, me ha preguntado o me ha confesado que se pregunta cómo es posible que sea capaz de tratar a tanta gente con tanto cariño, que derrame palabras de amor, a veces tan intensas, a casi todos quienes me visitan.
Lo cierto es que no creo que se trate de nada extraordinario, sobre todo si se tiene en cuenta la forma en que yo entiendo mi relación con las personas y lo que para mí significa la amistad, el amor y el cariño. Cualquiera de estos conceptos son formas distintas de llamar a la afinidad o cercanía espiritual y creo que no es bueno ni honrado ni sincero ponerle límites a esos sentimientos, que son los que hacen que la vida sea bella, agradable y llevadera. Cuando se siente esa cercanía, en cualquiera de sus formas y matices, la única actitud que cabe, según yo lo concibo, es la de expresar los propios sentimientos, dejar fluir la fuerza del cariño, de la ternura, del erotismo, de la pasión, de la amistad o del deseo, dejar que lo que sientes sea notado, palpable y claramente, por aquellos a quienes van destinados esos sentimientos.
No creo en la pareja concebida como una sociedad cerrada y excluyente. No creo que nadie sea dueño de nadie ni tenga derechos exclusivos sobre los sentimientos de otra persona. Creo en la libertad de la persona sin otro límite que el ser sincero e intentar evitar el sufrimiento de las personas a las que queremos. Los celos, aparte de algo estúpido, que sólo consigue aumentar el sufrimiento propio y el de la persona amada, me parecen una intromisión intolerable en la libertad de las personas. Si amas a alguien y ese alguien decide libremente estar con otro, has de entender que esa decisión, te guste o no, es parte de esa persona, de su voluntad soberana y libre y si se la reprochas, no es esa una forma de decirle que la quieres más sino una confesión de que en realidad no la quieres de verdad. Lo único honrado y digno en ese caso es ser consecuente y decir adiós sin reproches.
Por lo demás, pienso que el ser humano tiene una capacidad casi infinita de dar amor a los que le rodean. Fui educado en el cristianismo y estoy convencido de que Jesucristo fue sobre todo un profeta del amor. Hoy en día me considero agnóstico, pues pienso que la actitud más sincera y humilde con respecto a la idea de Dios es no creer a ciegas en algo que realmente no sabemos... aunque tengo una fé ilimitada en el amor y pienso que si hay un ser supremo su esencia no puede ser otra que el propio amor. Ponerle límites sería un sacrilegio.
Todo lo que aquí escribo es una forma de expresaros a todos mi más sincero amor, mi cariño, mi amistad, mi solidaridad y mis sentimientos y como prueba de ello os dejo mis palabras, mis abrazos y mis besos,
V.