Cuando le puse el nombre a mi blog no la conocía, pero esta fantástica escultura de Martín Chirino se llama exactamente "Crónica del Viento". La reproduzco aquí como homenaje a ese gran escultor español. Mi queridísima amiga KT diseñó la imagen de la cabecera. Se lo agradezco con todo mi cariño.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Nuevamente
De nuevo siento tu cariño intenso,
cercano, dulce, cuidadoso, tierno,
al tiempo que mi vida se transforma
y el aire que te envuelve me ilumina
y cambian los colores y los vientos
soplan de nuevo intensos aunque amables
y me traen la esperanza, la ilusión
y también el cariño y el deseo.
Siento que ya notaba que la vida
tenía que llevarme a ti de nuevo,
porque a veces los vientos aconsejan
cambiar el rumbo y enfilar seguro
un derrotero nuevo... aunque bien sabe
el marino curtido por los mares, que toda singladura
nos trae al cabo siempre al mismo puerto,
a aquel que nos acoge y da refugio,
al faro que ilumina nuestros sueños.
V. K.
sábado, 13 de febrero de 2010
Querer…

Víspera de San Valentín, 2010
Querer, amar, sentir cariño, aprecio,
estimación o simpatía, ternura,
inclinación, adoración, locura,
ilusión, atracción, amistad, sueños
de pasión, de caricias y de besos;
sentirse enamorado, conquistado,
seducido, vencido, derrotado,
desarmado, colado, apasionado,
atraído, atontado o embobado;
ser amigo, querido, ser amante,
ser siervo, ser esclavo, ser marido,
entregarse, volcarse apasionarse,
dar todo cuanto eres, confesarse,
confiar, cerrar los ojos, engañarse…
pero también gozar, vivir intensamente,
soñar, sentir la sangre en nuestras venas
correr con brío y energía, verse
como el rey de este mundo, estar alegre,
feliz, vibrante, vivo, arrasador,
capaz de cualquier cosa, triunfador
del mundo y de sus sombras… Todo eso
nos da el amor, la forma más completa
de la vida, la forma en que los hombres
y las mujeres logran integrarse
armoniosa, real y plenamente
en el mundo, su entorno, el Universo.
V. K.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Intensamente

Vivir intensamente cada instante,
no lamentarse de lo que quisimos
pero no pudo ser, ni imaginar
lo que podrá traernos el mañana.
Detenerse un instante a contemplar
la belleza de un árbol o una nube,
escuchar los sonidos del silencio
cuando se pone el sol y cae la noche.
Saborear los colores de la vida,
los aromas del campo, la sonrisa
de los niños que juegan, la alegría
de dos viejos amigos que se encuentran.
Dejar que la caricia de la brisa
refresque nuestra piel, oír la lluvia
o contemplar la gloria renovada
del sol cuando amanece.
V. K.
