
¿Qué nos queda al final cuando termina
el fuego que no cesa, apasionado,
de dos cuerpos que piel con piel se abrazan
y se exploran sin pausa noche a noche?
¿Cuando termina eso, qué nos queda?
Nos queda un cierto apego, una ternura,
un cariño, una cómplice mirada
cuándo hay una palabra que dispara
ente los dos un único recuerdo
fraguado por los días y los años
de compartir el pan, la cama, el aire
que respiramos juntos cada día.
Nos quedan los recuerdos de esos sueños
que nunca fueron realidad, nos resta
la certeza rotunda de que nunca
llegaremos a ser lo que creímos
hace ya tanto tiempo, compañeros
de vida hasta el final, hasta la muerte.
V. K.