La distancia que mide lo lejos que tu cuerpo
se encuentra de mi cuerpo no es distancia que duela.
Me duele más la forma en que algunos que pasan
cada día a mi lado me ignoran y desprecian.
Puede ser que prefiera el roce de tu piel
a tan sólo el recuerdo o la imagen lejana.
No es que no sienta a veces nostalgia de tu aliento
ni que no ansíe el roce de tus labios rosados,
pero siento a diario a tu alma cercana,
no importan los kilómetros, los montes y los mares
que están entre nosotros pues siento tu cariño,
tu emoción y tus sueños se meten en mis sueños
cuando siento en la noche el tacto de tu alma.
V. K.







Aprenderé el camino de memoria,
cada brizna de hierba, cada grano
de arena que me lleve hasta ese gozo
de perderme en tus muslos, en tus brazos.
Frotaré con mi piel tu piel morena
desde arriba hasta abajo, deteniendo
tus suspiros inquietos al llegar
al triángulo gozoso de tu cueva
ardiente y húmeda, de verticales labios
que esconde tu tesoro más preciado.
Mi lengua será complice del grito
ahogado de tu cuerpo al recorrerte
el vientre, el cuello, los muslos y los labios
y morderé tu mente con mis dientes
y tocaré el desnudo de tu cuerpo
con mis manos inquietas
hasta saciar la fuente de tu gozo
perdido entre tus sábanas.
V. K.